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Una de las cosas que más me sorprenden es el don que tenemos para echarle la culpa a los demás. Me agota la queja disfrazada de activismo.

Es necesario dejar de mirar afuera y revisar adentro; porque si pensás que el problema es por culpa del otro, que podés hacer para generar cambios?

El lugar en el que te ponés ante cualquier situación es lo que define tu capacidad de acción: si elegís una actitud pasiva, bajo la excusa de “yo estoy haciendo bien, los que lo hacen mal son los otros”, es difícil que algo de lo que hagas pueda aportar al tema en cuestión.

Es una posición de “victima” (tipo: “pobrecito, vos, que estás ahí, queriendo el bien para la humanidad, pero el entorno no contribuye”). Esta postura puede darte tranquilidad, te justifica, pero te deja en la impotencia, en la inacción, y te convertís en el que mira la película.

Asumamos que hicimos las cosas de una forma que hoy ya no es funcional, y empecemos a cambiar hábitos, costumbres y creencias > Es un trabajo complejo, pero no imposible.

Podés empezar poniendo consciencia antes de actuar; esto es, pensar; revisar el “automático”. Hacete preguntas tipo:

«Para que hago esto?”

“Está alineado con mis ideales?”

“Lo hago porque quiero o porque estoy acostumbrado?”

“Que puedo hacer que no esté haciendo?”

“Que me falta aprender?”

En el mejor de los casos, te encontrás siendo tan responsable cómo crees que son los demás, y eso, al menos, te abre la posibilidad de responder de otra manera.

Recién cuando te reconoces como parte del problema, podés ser parte de la solución

Y esto aplica para la sostenibilidad y para todo lo que nos rodea.

Te asumís como parte de tus quejas?